Hasta ahora hemos mencionado una prueba concreta, como el maratón, que corresponde con un tipo de resistencia, de larga duración, pero existen de la misma manera otros tipos de resistencia concretos como, por ejemplo, para recorrer 400 metros a la máxima velocidad en los que aproximadamente conocemos el tiempo a desempeñar . Jugar un partido de fútbol durante 90 minutos en una posición determinada intentando responder de la mejor manera a todas las acciones del juego con descanso de 15 minutos entre las dos partes y diferentes intensidades durante el juego. Competir en un partido de tenis o padel en los que no sabemos que vamos a estar una o tres horas pero en los que hay descansos periódicos y que las acciones puntuales son muy importantes. Y todos estos esfuerzos no resultarían igual de valorables si los repitiéramos en dos, tres o cuatro días consecutivos como puede resultar en un campeonato.
Es decir, dispondríamos de una resistencia de tipo específico, referida a la actividad propia pero , además, de una resistencia de tipo general que nos ayudaría a desarrollar la anterior, más aún cuando se suceden los esfuerzos y la recuperación se vuelve casi más importante que la resistencia a la fatiga.
Disponemos de la resistencia como capacidad estática o dinámica, estar de pie, por ejemplo, sería una resistencia estática (como los soldados guardianes de Buckingham Palace) general, pero en los esfuerzos deportivos nos vamos a encontrar con actitudes dinámicas.
Por ello la resistencia, y dentro del tipo dinámico, se puede clasificar en varios tipos:
En la actividad física y el deporte, lo que más interesa (vista la globalidad de gestos y la implicación de la resistencia muscular general excepto en casos muy aislados) es la especificidad de la actividad, en este caso podríamos observar:
La resistencia básica, la de tipo general, resulta compatible/transferible entre las distintas actividades, pero no así con la resistencia específica.
En las actividades/deportes de competición, son las propias condiciones competitivas las que nos van a trazar los objetivos a marcar y la estructura del entrenamiento. Para ello, en el caso de la resistencia, deberemos calibrar la importancia de la resistencia de base para el desarrollo de otras capacidades, como las específicas sobre las cuales se asentará la solvencia de resistir la fatiga en las condiciones de la competición.
Fuente: Eugenio Rodríguez-Licenciado en Educación Física-Unidad Deportiva Policlínica Gipuzkoa
Para más información: www.medicina-deportiva.net
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